Tu recuerdo me tiene angustiado. Apareciste... y desapareciste.. Todo sucedió en esa noche y en esta cama. Con decisión te acercaste a mí, sin mostrar pudor alguno te pegaste a mi desnudo cuerpo.
Percibiendo mi indiferencia, te acercaste más y más... Mordías todo mi cuerpo... Sin recatos... sin escrúpulos.... Mis partes más íntimas supieron de tí. Me volviste loco. No sabía qué hacer. Por fín... me dormí....
Hoy, cuando desperté, te busqué desesperadamente.. En vano, no te encontré. Ya no estabas. ¡ Te habías ido¡. En toda la sábana, había muestras de lo sucedido la noche anterior.
En mi cuerpo dejaste huellas inolvidables. Marcas profundas que tardarán mucho tiempo en sanar y que estarán mucho tiempo presentes en mí. Esta noche me acostaré temprano y te esperaré.. Cuando llegues... no quiero imaginar lo que va a suceder.... Me abalanzaré sobre de tí con la fiereza de un león y rapidez de una cobra.. Y ya no te irás. Ya no podrás escapar de mí. Te apretujaré hasta sentir la sangre de tu cuerpo.
Sólo así podré descansar: Pinche mosquito, hijo de la chingada!
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